Ninguna entrega de premios levanta tanta temperatura en la industria como los American Music Awards. Y esta vez, la edición número 52 —transmitida en vivo desde el inmenso MGM Grand Garden Arena por CBS y Paramount+ este lunes 25 de mayo— no fue la excepción a la regla. Con Queen Latifah a la cabeza como anfitriona, quien ya venía jugando de local tras haber conducido la ceremonia en 1995 y cantado en 2008, la noche prometía y cumplió.
El calor no perdona, pero la moda tampoco
Si hablamos de bancarse el clima, Las Vegas estaba siendo un horno literal con más de 34 grados, pero a Queen Latifah el pronóstico ni le movió un pelo. Apareció en la alfombra roja súper abrigada, envuelta en un tapado tremendo cubierto de plumas, marcando cintura con un cinturón dramático y joyas de Marco Bicego. Cero drama. Otra que también pasó de largo el tema de la temperatura fue EJAE, que parecía recién bajada de una pasarela europea con un diseño de Mugler de cuello alto y hombreras marcadísimas.
Por otro lado, hubo varios que sí se avivaron del calorazo y armaron sus looks en base a eso. Sombr, que debutaba como nominado y encima iba por siete premios, se mandó con una camisa sin botones bien abierta, mangas abullonadas y pantalones plisados. Paula Abdul, siempre nuestra reina indiscutida de la alfombra, optó por un vestido blanco semi-transparente, con un escote bastante jugado, un diseño escultural y mangas fruncidas.
Y si seguimos repasando quiénes dejaron al público de cara, hay que nombrar a Teyana Taylor. Frenó a todos los fotógrafos con un vestido violeta strapless ajustadísimo y un tajo que le llegaba casi hasta la cadera. Hilary Duff reapareció en estos premios después de 21 años y deslumbró con un look metalizado súper tranca pero impecable: vestido plateado, sandalias minimalistas y un par de anillos.
Tampoco pasó desapercibida Karol G, la dueña del Premio Internacional a la Excelencia de este año, que se la jugó con un top transparente deconstruido y una pollera globo que le quedaba espectacular. En esa misma sintonía de transparencias, Tinashe la rompió toda con un diseño de encaje de Blumarine que tenía un laburo de pedrería finísimo por todos lados.
La gran ausente de la noche
Pero más allá del despliegue de alta costura y los flashes, en el aire flotaba una pregunta obvia: ¿dónde se metió Taylor Swift? Era la favorita indiscutida, figurando en la cima con ocho nominaciones de peso que demostraban el impacto brutal de su último año de trabajo:
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Artista del Año y Mejor Artista Pop Femenina.
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Álbum del Año y Mejor Álbum Pop por su aclamado disco de 2025, The Life of a Showgirl.
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Mejor Canción Pop, Canción del Año y Mejor Video Musical por el hit “Fate of Ophelia”.
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Inaugurando la flamante categoría de Canción del Verano con “Elizabeth Taylor”.
Cuestión que la estrella pop decidió pasar de largo la alfombra en Las Vegas. Lejos del ruido de la premiación, Taylor prefirió quedarse por Nueva York a solas con su prometido, Travis Kelce. Durante estos días se los vio yendo a un casamiento y teniendo un par de citas bastante relajadas.
La movida tiene sentido. La pareja parece estar a full organizando su propia boda después de haberse comprometido en agosto de 2025. Aunque vienen guardando todos los detalles bajo siete llaves, ya en septiembre del año pasado Swift había deslizado que le coparía la idea de hacer una boda en algún destino turístico. “Una pensaría que iba a estar toda mi vida maquinando sobre cómo sería mi casamiento”, confesó en su momento, “pero la verdad es que nunca me puse a pensar qué haría… hasta que conocí a la persona indicada”.
Con todo ese estrés organizativo encima y sumado a un fin de semana movidito de viajes —el sábado pasado los engancharon relajados viendo el partido de los Cavs contra los Knicks en Cleveland—, tiene bastante lógica que Taylor haya decidido bajarse de los premios para priorizar un poco de paz y enfocarse de lleno en su vida personal.