Cuando de arte se trata, nunca hay que pensar: “Ya lo vi todo”. Las entradas se habían agotado, pero muchos (muchísimos) esperaban afuera en fila superyoica a ver si les vendían una a último momento. De todos modos entré a Niceto casi indiferente, con aires de cronista, con esa mirada algo distante que se supone debe mantener el periodista. Tan es así que subí las escaleras y decidí ver el show desde arriba, no involucrarme demasiado. Claro, soy de las que nunca había visto a Devendra Banhart en vivo. Soy de las que esperaba ver a un hippie rodeado de velas endulzándole el oído. Error. Devendra se tomó revancha de su primer show “para cuatro caretas” en Argentina y la rockeó. Y no me imagino lo que habría sido eso en un lugar más grande y con un proyector.














