Era sábado a la tarde, uno de esos días de invierno donde el sol pega fuerte y disimula completamente el frío. De hecho hacía calor. Pero lejos de ser un día feliz, la calle estaba repleta de caras largas. Había pasado sólo un ratito desde que Argentina quedó afuera del Mundial. Te puede gustar o no el fútbol, pero es innegable que ese suceso vuelve un poco difícil el día.
No importa, hay que encontrarse con Les Mentettes en la puerta del Jardín Botánico. Entre lo que cuesta ser puntual y alguna confusión generada por las cuatro entradas que tiene el lugar se termina haciendo un poco tarde. Ojalá que ellos tampoco sean puntuales, o si lo son esperemos que no les ponga de mal humor tener que esperar. Quizás ya están de malhumor por el partido, ¿Les gustará el fútbol? Cuántas dudas. Llegamos y toda esa incertidumbre se disuelve instantáneamente. La mitad de la banda ya estaba ahí, charlando y comiendo torta que había sobrado del cumpleaños de uno de ellos. A los pocos segundos llega el resto, y casi ineludiblemente surge el tema: “Que garrón el partido… ¿Vamos a Montevideo si Uruguay sale campeón?”. Enseguida todo se transforma en risas, un denominador común que acompañará toda la tarde. No cuesta nada darse cuenta que ellos son un grupo de amigos y que el sonido de la banda tiene mucho que con esa especie de conexión extra-musical que tienen. Esa es seguramente la razón por la que pasaron de tocar en un living a presentarse con una orquesta, llenar La Trastienda, abrir el Festival Ciudad Emergente y finalmente entrar a los estudios ION a grabar un disco con treinta personas.

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