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Podría atribuírsele toda la culpa a ese disco de The Velvet Underground que Pierre, el hermano del bajista Nikolai Fraiture, le regaló a Julian Casablancas en una de las últimas navidades del siglo XX. Era la época en la que este aún era un púber que asistía a The Dwight School junto a Nick Valensi y Fabricio Moretti, alucinaba con Yellow Ledbetter de Pearl Jam y aseguraba que su canción favorita era A Change Is Gonna Come del cantante de soul Samuel Cooke. Con aquellos compañeros de la secundaria fue con quienes decidió formar Just Pipe –su primera banda- sólo con el afán de volver el tiempo atrás y demostrar que la música del under neoyorquino de fines de los ‘60 comandado por Lou Reed podía ser realmente popular a gran escala en otro aquí y ahora, ser revigorizado con la marca de una nueva época. “¿Por qué todo lo que alcanza la fama debe necesariamente apestar? Tenemos un problema con eso y estamos determinados a hacer algo al respecto”, sentenció, sin saber que ese trillado ímpetu juvenil acabaría por capturar el zeitgeist sonoro de los albores del nuevo milenio.














