Después de bordear las vías del tren en una vuelta interminable finalmente llego al nuevo templo rocker de La Paternal, entro y veo un escenario forrado de inmaculado blanco: equipos, fondo, hasta el tablado. Ramos de flores le dan el toque de color esparcidos en floreros que podrían ser de mi abuela. ¿Qué es esto? ¿Se casa tu hermano? ¿Cumple 15 tu sobrina? No, por suerte no. Las dudas vuelan en pedazos cuando cuatro tipos aparecen y, si bien también están de blanco, empiezan a tocar los acordes graves de Woodpecker From Mars, una canción que nunca podría sonar en un casamiento.














