El 2012 arrancó con muchísimos debuts, pero pocos que realmente sobresalgan. Por eso me llevé una inmensa sorpresa la primera vez que escuché Django Django, con la fe por el piso y la cabeza en cualquier otra cosa. Fue como si alguien hubiera subido el volumen de golpe, o me hubiera sacado el mute de las orejas. La música no tardó en invadir el living de la casa y me acerqué de inmediato a ver de qué se trataba. Estaba sonando Default, y quería que supiera que existía. Porque Django Django logra eso en cada una de sus canciones, que te enteres que existen. Y cada una de ellas es totalmente diferente de la otra, porque te transportan a lugares distintos; incluso dentro de una misma canción podés pasar de una playa a un funeral, y sentirte tan bien en los dos lugares que de pronto la música se combina y estás en un funeral en la playa, con gente bailando poseída por el ritmo árabe-africano. Un tribal glamoroso que se saltea el cerebro y le manda señales a tu cuerpo para que empieces a sacudirte por más chupado que estés a un sillón.














