LIVE: Faith No More en el Malvinas Argentinas

Después de bordear las vías del tren en una vuelta interminable finalmente llego al nuevo templo rocker de La Paternal, entro y veo un escenario forrado de inmaculado blanco:...
Faith No More en Buenos Aires

Después de bordear las vías del tren en una vuelta interminable finalmente llego al nuevo templo rocker de La Paternal, entro y veo un escenario forrado de inmaculado blanco: equipos, fondo, hasta el tablado. Ramos de flores le dan el toque de color esparcidos en floreros que podrían ser de mi abuela. ¿Qué es esto? ¿Se casa tu hermano? ¿Cumple 15 tu sobrina? No, por suerte no. Las dudas vuelan en pedazos cuando cuatro tipos aparecen y, si bien también están de blanco, empiezan a tocar los acordes graves de Woodpecker From Mars, una canción que nunca podría sonar en un casamiento.


Porque esto es Faith No More y ante la irrupción de los ya históricos Billy Gould (bajo), Roddy Bottum (teclados) y Mike Bordin (batería), más el agregado de Jon Hudson, guitarrista de la última época de actividad de la banda, el público entra aún más en calor y se prepara para recordar con emoción y nostalgia toda una vida (nada menos que 20 años) en la que el rock era religión y la juventud algo inamovible. El último disco de los californianos se editó en 1997, así que acá no hay nada de “vengo por los temas de la primera época” o “más vale que no se cuelguen con el último disco porque apesta”. Todos esta noche vamos a escuchar lo que queremos escuchar: canciones viejas, de cuando éramos jóvenes.

Gritos, sudor y hormonas desparramadas en el aire viciado de aquel estadio cubierto pero todavía falta la pieza central. Hasta que sale a escena cojeando con un bastón cual dandy trastornado un señor llamado Mike Patton, también conocido como uno de los frontman más excepcionales de los 90´s. Y el paseo arranca en 1992 de la mano del fundamental Angel Dust: Land of Sunshine, Be Agressive, Midlife Crisis (primer gran pogo y coro-que-mete-piel-de-gallina de la gente), Caffeine.

Luego la escenografía cobra sentido con la melosidad soul de Evidence potenciada por los estribillos cantados en español (¡alguien por favor que le diga a Patton que deje de hacer eso cada vez que toca acá!) y los reflejos lumínicos de una bola de boliche. El modo cantante de bodas desaparece con la ferocidad de Cuckoo for Caca y ahora se revuelca y grita como sólo él sabe hacer. Easy vuelve a calmar las aguas y a arrancar suspiros entre las chicas trepadas a hombros amigos. Después se suceden sin respiro Digging the Grave, Ashes to Ashes (otro gran momento de comunión con el público), Everything’s Ruined y el levantamiento masivo con The Gentle Art of Making Enemies y, claro, Epic.

Patton agita pero no tanto como en visitas anteriores -esta es la cuarta vez que se presentan en el país-. ¿Será que los años no vienen solos? Sus miles de voces también parecen domesticadas y apenas afloran, aunque la irregularidad de la calidad de sonido tampoco le jugó a su favor. De todas formas su simpatía permanece intacta, hace chistes en español y frente a un olé olé olé interminable no tiene reparos en improvisar un beatboxing.

El último tema antes de los bises llega con Just a Man (rara elección para cerrar) y una imagen singular que quedará grabada en la retina: Mike Patton trayendo una caja de cartón muy poco elegante llena de flores que tirará al público, para después agacharse y arrancar como si fuese nuestro jardinero las que decoran el escenario para regalarlas también. El tipo más genial del mundo agachado tirándonos rosas y claveles. Claramente debería ser al revés.

A la vuelta meten un tema desconocido (¿será nuevo?), después algo más esperable como We Care a Lot y se van. La gente insiste así que vuelven a salir y cierran la noche bastante abajo con el cover de Burt Bacharach This Guy’s in Love with You. Y queda una sensación rara en el ambiente. Después de una hora y media de show como que faltó algo. O quizá no, quizá son las ganas de volver a nuestros años mozos y quedarnos ahí para siempre.

Fotos

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Ph. María Celeste Escobar

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