LIVE: Mike Patton Mondo Cane en el Teatro Coliseo

No vengan con convencionalismos. Al tipo no le van los encasillamientos, casarse con proyectos eternos o ser esclavo de una idea; para él es todo mutar o sucumbir. “Mike...
Mike Patton

No vengan con convencionalismos. Al tipo no le van los encasillamientos, casarse con proyectos eternos o ser esclavo de una idea; para él es todo mutar o sucumbir. “Mike Patton presenta su proyecto más ambicioso”, anunciaba el spot publicitario entre sonatas italianas. Qué ingenuidad, ¿se supone que está haciendo referencia al mismo hombre que supo integrar decenas de proyectos tales como (acá viene el momento Troy McClure), Tomahawk, Mr. Bungle, Lovage, Peeping Tom, Fantomas y, naturalmente, Faith No More? Pamplinas. No hay personaje en la historia del rock mundial al que no le quepa mejor el mote de “ambicioso”. Si el deseo o el anhelo son de obtener algo grande, pues entonces Mike Patton es el King Kong de los proyectos quiméricos a grandes rasgos. Una persona que no se comió el personaje. Un personaje que nunca dejó de serlo. Si buscan la palabra ambición en el diccionario del rock and roll, seguramente encontrarán el rostro de éste falso italiano que engominado y de rigurosa pilcha elegante trajo a cuestas un capricho orquestado intitulado Mondo Cane

Entre la tímida penumbra del regio Teatro Coliseo, que hasta el momento no se exhibía abundante, se enciende a la distancia la pantalla de un smart phone de proporciones generosas que nos indica muy ostensiblemente que son las 20.30. Las luces se apagan y el enorme telón que cubría el escenario ahora se eleva en cámara lenta. Sentado en un taburete de acero aparece la figura gallarda y dandynesca de Mike Patton. A su derecha, la Filarmónica de Buenos Aires engalana las tablas con sus maderas relucientes. “Il Cielo In Una Stanza” dibuja en todo el perímetro del Coliseo una brisa italiana que iba a dejar una marca perenne con el característico sello del frotman de Faith No More. Se sabe, Mondo Cane es una idea parida netamente en Italia, con músicos de allí mientras Mike se acicalaba el bigote y perfeccionaba su italiano por la ciudad Bolonia. El arrojo musical lo condujo a embarcarse, primeramente, en shows súper orquestados para luego encerrarse en un estudio y registrar el primer disco del proyecto de título homónimo que se editó hace apenas un año. Muchas de ellas canciones tuvieron su gracia la noche del sábado y del domingo, en un plan más acotado que el de costumbre, pero no por ello menos admirables. Ore D’ Amore, Che Notte!, 20 KM al Giorno, Quella Che Conta, Senza Fine, Urlo Negro, en donde Patton se parece más al Patton de la gente y mete unos alaridos esquizoides, la melancólica Scalinatella, Deep Down (de Ennio Morricone), de impecable ejecución, mechadas junto a otras clásicas como Lontano Lontano, Storia d’Amore, Venezia o Canzone, por caso.

Durante el show, Mike mantiene un semblante imperturbable. De la platea baja un grito “Mike I love you!”; él sólo atina a mascullar un lacónico “meh”. Más tano imposible. Entre tema y tema, los poseedores de casacas de Mr. Bungle o Faith No More le vociferan pedidos. Con el gesto de la manito hacia abajo les indica en perfecto castellano: “mejor así”, bajándole unos cambios y contextualizando una tertulia íntima que no se aprecia todos los fines de semana y que no cualquiera puede llevarla a cabo. Atisbos de crooners como Robbie Williams o Michael Bublé, mejor conocido por aquí como el marido de la Lopilato, se calzaron el saco de Sinatra y les quedó un tanto holgado. Mike Patton lo lleva hacia otro nivel: resucitó canzonettas italianas perdidas de los ’50 y los ’60. Más que crooner, Patton es un artista con todas las letras. Él por sí mismo llena el escenario con su sola presencia y su prodigioso registro vocal.

Los bises lo devolvieron al escenario en plan tanguero. ¿Ma cómo? Vuelvo al Sur de Piazzola fue canturreado en un tano/porteño que hasta el propio Patton le hizo una mueca a la orquesta en plan cómplice y socarrón como diciendo: “Bien, ¿no? ¿maso? Hice lo que pude…”.

Una Sigaretta y Sole Malato le pusieron solución a la faena italo-americana de Mondo Cane, que hasta el más gallego de los gallegos se fue silbando bajito y sin prejuicio alguno. Habría que considerar a Mike Patton como un nuevo idioma. ¡Bravo, Mikele!

Fotos

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Ph. Julieta La Torre

Soy un hombre de placeres simples: me gusta la pizza, la cerveza fría y las mujeres generosas. Nunca ví Breaking Bad ni Titanic.
Un comentario

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  • lucho
    21 septiembre 2011 at 00:03 - Reply


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