por David Irigoin, el 3 de septiembre de 2009 | Sección: Reseñas

Una de las bandas más reputadas y aclamadas de la nueva escena indie estadounidense, los Decemberists de Colin Meloy, ha editado recientemente su quinto disco de estudio en nueve años de existencia. The Hazards Of Love se llama el disco y, como la mayoría de las grabaciones del ambicioso quinteto, es una obra levemente conceptual en la cual un concepto -justamente, “los riesgos del amor”- enlaza todas las canciones.


Y hay que decir algo como para empezar: aún para un álbum conceptual, The Hazards Of Love es excesivamente extenso. Sus diecisiete canciones y casi una hora de música hacen que el de por sí débil hilo narrativo se disuelva y que lo que nos quede sean varias canciones que repiten insistentemente el título del álbum (que no es original, por cierto: Meloy se lo tomó prestado a la absolutamente imprescindible cantautora de folk británico Anne Briggs) y una historia tan confusa como complejamente pedante: una mujer llamada Margaret se enamora de un tal William, ente que puede cambiar de forma (?) y una villana celosa, Rake, intenta impedir el amorío. Eso es básicamente lo que encierra The Hazards Of Love conceptualmente.

Ahora, musicalmente la cosa es un tanto menos confusa. Meloy claramente adoraría haber nacido en el medio del boom del folk británico de fines de los ’60 y principios de los ’70 (digamos, sin repetir y sin soplar, Bert Jansch, John Renbourn, Fairport Convention, Incredible String Band) y por eso intenta componer como ellos. Pero como es estadounidense y heredero de los ’90, lo que le queda es una mezcla heterogénea entre palabreríos con pretensión de complejidad (en ese sentido, el juego fonético de la primera canción -The Prettiest Whistles Won’t Wrestle The Thistles Undone- es bastante elocuente) y una música donde abundan las referencias y los arreglos intencionalmente retro matizados con formas de composición de las que Stephen Malkmus y los Arcade Fire deberían pedir regalías.

Pero ojo, eh, que aún dentro de esta ensalada de referencias The Decemberists tiene algo de interesante: canciones como Won’t Want For Love o The Rake’s Song demuestran que Meloy tiene un talento interesante para la composición que le permite ir a lugares agradables, sinceramente disfrutables. Quizás su problema sea esa ambición permanente y desmedida, esa tendencia innecesaria de complejizar sus contenidos en pos de no ser sólo una banda de rock. Una lástima, porque como ya hemos hablado en algún otro momento el rock indie actual no carece de inventiva, sino que adolece de intencionalidades insatisfechas: en un esfuerzo por diferenciarse, abreva en ideas de -supuesta- avanzada que luego no sostiene con la calidad de lo que se escucha.

¿Cómo explicarle a un tipo como Colin Meloy que a veces, la belleza está en lo simple, que en ocasiones menos es más? Difícil, porque se ve que al tipo la autoindulgencia le encanta: cada uno de sus discos se va haciendo más artificioso, más extenso, más críptico. Llegará entonces el día en que la gente no lo entienda, o se canse de intentar entenderlo, o lo entienda tan fácil que él se canse de fracasar en su intento de no ser entendido y él se dirá un artista torturado y decidirá dejar de grabar álbumes. Lástima, porque la verdad que se nota que talento le sobra. Lo que le falta son filtros.





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